Tantas que ni siquiera él las recuerda o no las quiere recordar
Con tanta mala suerte que cada vez que lo hacia, vuelve a ser Gutierrez, ni mejor ni peor, simplemente Gutierrez.

Enamorarse de su vecina o de la chica que atiende la panadería para vivir una vida de arrumacos, sexo salvaje (todas las posiciones y eso), planeando largas caminatas por la playa juntando restos de crustáceos no era su idea del romance. Que clase de esfuerzo significaría ahora que se cuenta con toda clase de ayuda virtual, entre mensajes de texto, cuentas de redes sociales y más, Gutierrez siempre fue temeroso de cruzar la fina linea que separa al admirador secreto del acosador...no tan secreto.
Gutierrez ama sus muertes, mucho más que sus nacimientos, sobre todo por la curiosidad que le despierta quien se peleara por su herencia, su colección de pantalones de corderoy en varios tonos de color marrón.
Su ultima muerte fue una de sus preferidas.
Una vecina lo encontró un lunes por la noche cuando fue a pedirle pilas para el control remoto del televisor.
Gutierrez murió sepultado bajo una montaña de sentimientos (muchos más de los que podía manejar) mientras escribía poesías que cruzarían el atlántico.